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El Sobrino del Diablo,

Web del Sobrino
Es sabido que el humor neutraliza la gravedad y el anquilosamiento mental. Mezclémoslo con inteligencia y crítica punzante, y hete aquí la sátira, que, en el caso del personaje que nos ocupa, deviene tan feroz y corrosiva como divertida y audaz.

 

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el escéptico empeño por encontrar un lugar en este contradictorio pero risible mundo

El Sobrino del Diablo, antes Johnny “Boy” Gómez (vease reseña de su maqueta Con pasión por el Diablo, Ruta núm. 141, pàg. 56), nos brinda en su segundo trabajo (Cuando menos te lo esperas), nuevos retratos cáusticos de la actualidad y demás impresiones personales. El borreguismo y la despersonalización que obsesionaron a Orwell, el amordazante absurdo que aterró a Kafka, se intercalan entre confesiones y vivencias tan descarnadas como irónicas; paranoides cuadros lisérgico-impresionistas, odas al onanismo (en sentido literal), invectivas jocosas a los mitos de cartón piedra, además de himnos de batalla como la “Cumbia de la anarquía”, ahora en exultante versión eléctrica.

"Cuando menos te lo esperas" huye de reiteraciones a piñón fijo para abordar de forma resuelta las más diversas formas de música popular existente, tanto de África como del Caribe, Jamaica, Cuba, Norte y Sur de América o Irlanda, subordinadas a las necesidades de un creador inclasificable, imaginativo y de amplio registro. Juan Gómez se nos descubre, una vez más, con la colaboración de su ocasional acompañante Dani (Mr.) Rodríguez, como un letrista de particular calibre, con un alto sentido del desarrollo narrativo, el símil certero y la situación ingeniosa. Una lectura atenta revela la presencia de un hombre que nada contracorriente para defender espacios de dignidad amenazados a diario, con un discurso que presupone en el oyente el coeficiente intelectual necesario como para no sucumbir fácilmente a la vorágine subnormalizante de la “normalidad” establecida, empeño el suyo digno hasta de gratitud.

Sus primeros pasos vienen marcados por el signo del blues (rural), con guitarra acústica y armónica, y se remontan a los años en que cursaba estudios de Filología en Barcelona. De esa época, primeros 90, destaca sobretodo, además del centenar de conciertos en su haber, la consolidación de su fidelidad al género de los negros y la identificación, omnipresente en sus letras, con la condición del esclavo contemporáneo. En 1994, buscando una electrificación y sonido más ecléctico nacen Los Monjes, banda de vocación anticlerical y festiva, con los que produce una primera maqueta: Cosmologías renacentistas en la obra de Fray Luis de León. Hasta 1999 Los Monjes han sido el soporte rockero para los textos –cada vez más depurados, iconoclastas y ácratas-- de Juan Gómez, que, paralelamente y desde 1996 ha desarrollado una carrera en solitario como cantautor, reafirmándose recientemente bajo la identidad de El Sobrino del Diablo, con la que está cosechando un mayor reconocimiento, con repetidos primeros puestos en las convenciones de cantautores al uso.

¿Qué podrías contarnos de tu etapa en Los Monjes?

Vestíamos con sotana y las letras eran de tono anticlerical, provocador y muy político, sin ser panfletarias, siempre dentro de la ironía i el sarcasmo. Como ese reggae que cuenta la llegada de un misionero a Kingston donde descubre, entre marihuana y nativas afectuosas, que allí se vive “como Dios”.

¿Hasta qué punto te sientes conectado con Kortatu o La Polla Records?

El rock radical vasco estaba muy bien pero lo considero demasiado simple conceptualmente, eran gente que hacían letras sobre una cosa concreta y se las creían mucho. No dejan de ser panfletos. Es decir, que si un grupo de fachas hicieran letras contra los negros, les saldría algo parecido. Yo siempre he tratado que mis letras tengan una calidad conceptual, una cierta elegancia. Siempre me ha influido más Siniestro Total, por ser un grupo más irónico.

Realmente eres muy polifacético, tanto por la diversidad de estilos que manejas como por la variedad de temas y enfoques.

No quiero ir de intelectual, pero soy un lector y siempre he leído mucho, aunque considero que hay que encontrar un punto de equilibrio entre la literariedad y la vida. Antes de la música había escrito. Intento contar historias en mis canciones y he desarrollado una técnica. Habitualmente las más humorísticas triunfan más, pero esto no significa que renuncie a hacer temas más serios.

¿A qué se debe el cambio de nombre, de Johnny Boy Gómez a El Sobrino del Diablo?

Johnny Boy no dejaba de ser un pequeño homenaje a Sonny Boy Williamson, mi bluesmen favorito. Pero, por otra parte, estaba haciendo una música en castellano (aunque tenga alguna canción en inglés y catalán) y el apelativo anglosajón era poco definitorio de mi trabajo. Y el tema de Diablo siempre me ha interesado, siempre. Me parece una figura literaria susceptible de interpretación. La visión que de él tenían los románticos era la del ángel caído, el personaje que se rebela contra el poder establecido. De ahí que todas mis letras tengan un punto de subversión. Lo que no puedo hacer es ir de pretencioso y hacerme llamar “el Diablo”, así que tuve que buscar una fórmula más simpática.

 

Inici

 

Háblanos del tema “Swallow anything (o cómo hacer una canción indie en diez minutos y en inglés para que no se entienda)”, parodia de cierto “rock independiente” español.

En esto soy muy radical. Juegan con la ignorancia del público. Es muy facil: coger cuatro patrones, cuatro riffs de guitarra que se han copiado, una melodía en la línea actual y cantar cuatro chorradas que nadie entiende ni les preocupa. Esos textos no resisten el mínimo análisis.

Creo que tus canciones son éxitos comerciales en potencia. ¿Te has imaginado la posibilidad de saltar a la fama?

Me gustan los temas sencillos y me salen así, pero no busco deliberadamente la comercialidad. Me dan un poco de miedo las discográficas grandes y el éxito efímero que pueden ofrecerte. No estoy en la música para triunfar, aunque me gustaría mucho vivir de ella. Mi camino es más largo: el boca a boca, una discográfica pequeña e ir moviendo el tema. Más que nada porque yo tengo una cierta vanidad como autor. Pensar que pudiera triunfar en la misma discográfica que el grupo del verano, que no se lo han currado nada, me daría rabia. Tengo un público que va creciendo. Lo que es la fidelidad de la gente que te viene a ver y habla contigo sólo puedes conseguirlo tú y tu trabajo.

Has incluido en la maqueta dos cortes en directo donde se pone de manifiesto tus tablas y el juego dialéctico que estableces con el público.

Esta es una de las pocas cosas que me aproxima a la figura del cantautor, pero no el cantautor prototipo que lanza slogans y la gente aplaude, sino al showman que busca la comunicación constante con el público, improvisar, que cambia los ritmos, los temas, las letras, en función de la reacción del público. A veces me imagino como un trovador que llega a un pueblo donde nadie le conoce y explica unas historias para hacerlo pasar bien. Me gusta la teatralidad y los golpes de efecto. Lo peor es estar cohibido. Cualquier contratiempo, un móbil que suena, yo lo utilizo para soltar alguna ocurrencia o para romper el tono solemne en un momento dado.

“Me siento tan extraño” expresa un sentimiento de perplejidad ante la sociedad al que casi nos hemos acostumbrado.

La hice mientras trabajaba en un sitio donde ponían la radio y un día me fijé en la avalancha de anuncios, todos absurdos, todos pretendiendo que te compres un piso, que bebas un tipo de bebida, que adelgaces o que aprendas inglés, porque si no eres un idiota, y todo eso me indignó, la indignación se concentró y se convirtio en canción, como una pataleta; pero es lo que pienso, y luego resulta que cuando la canto veo que mucha gente, como tú, piensa lo mismo.

Debe ser gratificante sentirte reconocido a este nivel.

Sin duda. En la vida hay pocas satisfacciones muy grandes: leer una buena novela, hechar un buen clavo, viajar... pero por encima de todo está salir a un escenario, comunicar y que el público se lo pase bien. El reconocimiento de la gente a nivel personal, que te vengan después del concierto y te digan “de puta madre” es la satisfacción más grande que puedas tener. La comunicación es lo más importante que hay en la vida.

 

 

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